Ward y los Kandinski

Pablo CapannaA punto de cambiar la ciencia ficción por una realidad mucho más loca para consagrarse entre los grandes escritores del siglo, J.G. Ballard se sintió tentado de escribir un cuento de ovnis. Releído muchos años después, cuando el mito ovni creció, mutó y sufrió raras hibridaciones, aquel cuento de 1962 (“Los cazadores de Venus”) se ha vuelto aun más sugestivo. Al punto que goza de plena vigencia en la Argentina, como se verá en este libro.
Cuando Ballard llamó “Kandinski” a su protagonista, no sólo pensaba en el pintor ruso. En esos años, era obvia la referencia a George Adamski, el hombre que diez años antes había tenido un supuesto encuentro con los enviados de Venus.
El Kandinski del cuento no es un chiflado ni tampoco un embustero. Es un personaje complejo, con una cultura aluvional y algo de talento. Trabaja como mozo en un bar, pero está tan profundamente convencido de tener una misión profética que se compara con el apóstol Pablo. Para su desgracia, los hechos parecen desmentirlo a cada rato. Un científico lo desautoriza en público, cuando muestra que no sabe cuántos satélites tiene Urano. Algunos dicen que las huellas de la nave espacial las había trazado él mismo y que sus fotos de platos voladores fueron hechas con ventiladores y discos de embrague. Nadie lee sus libros y a sus conferencias sólo van algunos curiosos.
Cuando todos parecen huir de él, aparece el astrónomo Ward. Intrigado por tanta obstinación, Ward se encandila con su figura y casi comienza a creerle. En el momento culminante, cree tener la misma visión que Kandinski: una enorme nave del espacio que se hunde en la arena justo un instante antes de que pueda fotografiarla. Luego, recupera la compostura y vuelve a su escepticismo profesional.
En este libro hay una multitud de Kandinski; los hay proféticos, tiernos e ingenuos. Todos parecen contagiar certeza.
Aquí, el papel de Ward lo hace el autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina, como verdadero baqueano de estas zonas de la cultura. Nadie como él es capaz de exhumar historias enterradas, que a todos los efectos mediáticos parecen haber prescripto, no sin dejar el rastro de una vaga leyenda. Sus explicaciones suelen llevarnos en cosas tan simples como las que nunca se nos hubieran ocurrido.
En esta feria de lo insólito evoca epopeyas, como esa caravana de cinco mil personas que acudió a la laguna de Chascomús para ver aterrizar una flotilla de platos voladores, o aquel raro cónclave de ingenieros y espiritistas que invocaron el contacto en la cumbre del Kavanagh. Visitamos una suerte de museo alienígena, donde de custodian reliquias venidas del espacio, y una pirámide de regular tamaño donde oficia un increíble profeta.
Aquí pasamos revista a esos aludes que echan a rodar los medios, en las temporadas en que arrecia la sequía informativa. Nos enteramos de cómo fue posible que una película con Minguito y Portales y la puerta rayada de un viejo Chevy dieran origen  a leyendas que siguen rodando por el mundo, muy lejos de estas tierras que las vieron nacer.
No faltan las vacas destripadas y hasta un celular arrebatado al espacio. Hay un aquelarre de chupacabras, duendes, enanos grises y verdes,  lobizones, hombres-gato y hasta algún ratón hocicudo. Casi no hay violencia, pero sí algo de sexo alucinatorio.
En estas historias también se cuelan nombres famosos, como Pinochet, Trujillo, Perón, Onganía, Alfonsín, Menem, Duhalde… Hasta podemos descubrir las insospechadas ramificaciones galácticas del peronismo, por si faltaban pruebas de su extrema versatilidad.
Toda una cantera de datos que está esperando a los antropólogos. Y también a los lectores habitualmente ajenos a estos temas, quienes no dejarán de recordar más de un misterio de esos que nadie se tomó el trabajo de explicar. Estamos en una región poco frecuentada del mundo en que vivimos, donde experiencias a priori incomprensibles invitan a muchos a dejarse invadir por la credulidad.
Pablo Capanna

Pablo Capanna nació en Florencia, Italia, en 1939, pero ha vivido en Buenos Aires, Argentina, desde los diez años de edad. Es profesor de filosofía, periodista, escritor y docente. Sus artículos han aparecido en las revistas Criterio, El Péndulo, Minotauro, Axxón e innumerables publicaciones más. Escribe en el suplemento Futuro del diario Pagina/12. Obtuvo dos veces el Premio Pléyade, el Diploma de Honor Konex y cinco veces el Premio Más Allá. Es autor de El sentido de la ciencia ficción (Buenos Aires, 1967), La Tecnarquía (Barcelona, 1973), El Señor de la Tarde. Conjeturas en torno de Cordwainer Smith (Buenos Aires, 1984), Idios Kosmos, claves para Philip K. Dick (Ediciones Axxón, Buenos Aires, 1991), El mundo de la ciencia ficción (Buenos Aires, 1992), J.G. Ballard. El tiempo desolado (Buenos Aires, 1993), “Contactos” extraterrestres (Buenos Aires, 1993), El mito de la nueva era (Buenos Aires, 1993), Philip K. Dick, Idios Kosmos (Buenos Aires, 1995), La tentación de la magia (Buenos Aires, 1995), Excursos (Buenos Aires, 1999), El icono y la pantalla. Andrei Tarkovski (Buenos Aires, 2000) e Historia de los extraterrestres (Editorial Capital Intelectual, Buenos Aires, 2007).

Anuncios

TrackBack Identifier URI