“Soy un agnóstico en materia de ovnis”

Entrevista de Nahuel Sugobono en revista Uno Mismo Año 26, nro. 317, septiembre 2009

El periodista Alejandro Agostinelli es uno de los más importantes investigadores argentinos dedicados a la ufología. En su reciente primer libro, Invasores, recoge un puñado de historias (curiosas, extrañas, atrapantes) sobre personas que dicen haber tenido contactos con extraterrestres.

De adolescente, Alejandro Agostinelli jugaba –con la determinante seriedad de los chicos– a ser ufólogo: su mayor ambición era encontrar evidencias de contactos extraterrestres en nuestro planeta. El tiempo le trajo muchas cosas (entre ellas, dos hijas preciosas), pero la pasión continuó. Ya un adulto consumado, su afán de investigador se volcó en dirección contraria: ahora buscaba evidencias para desmitificar la presencia de ovnis en la Tierra. Con un ahínco riguroso envidiable, Agostinelli fue miembro fundador del CAIRP (Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia), desde donde se dedicó a fustigar sin cansancio a cuanto sanador, ufólogo y chantas afines aparecieran en su radio visual.
En una tercera etapa –la actual– optó por una sabia posición intermedia: sin renegar ni de la ingenuidad ni del escepticismo que supo cultivar en años anteriores, hoy parece consagrado a indagar en el ámbito social que permite el surgimiento de estas personas (que muchas veces resultan ser personajes).
Pero Alejandro Agostinelli no es sociólogo, ni se plantea serlo. Es, sí, un periodista de divulgación científica que ha pasado virtualmente por todas las revistas del rubro que se han hecho en nuestro país, de las recordadas Conozca Más, Enciclopedia Popular Magazine y Descubrir al más reciente experimento que fue Neo. También fatigó canales de televisión como productor (actualmente para el canal Infinito) y hoy tiene su blog, Magia Crítica (www.magiacritica.com.ar), en el diario Crítica de la Argentina. Casi por satisfacción personal, hace unos años lanzó el sitio Dios! (www.dios.com.ar), donde volcó –junto a prestigiosos colaboradores– largos años de investigación relacionada con la pseudociencia, la ciencia y la religión.
Agostinelli nos recibe en el living de su casa, atiborrado de libros, revistas y papeles dispersos. En medio de ese maremágnum de celulosa llama la atención un póster tamaño natural del filme de ciencia ficción El día que la Tierra se detuvo (el de la versión original de 1951, no su fallida reencarnación de 2008). También, una estantería con su propio museo alienígena: desde figuritas, juguetes y muñecos de ETs de diversos tamaños y colores, hasta una muestra de helado extraterrestre sintético que trajo del radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico.
Hace poco lanzó su primer libro, Invasores (Editorial Sudamericana, 2009), donde recoge once casos de argentinos que –se cuenta– tuvieron contactos con extraterrestres. Este es el tema alrededor del cual girará la entrevista. Arrebujado en un mullido puff, Agostinelli nos mira desde sus pequeños ojos; manso y tranquilo, espera el ataque de preguntas.

-Después de tantos años dedicados a los ovnis, ¿siente que con este libro llegó a una conclusión o –por el contrario– es el inicio de una nueva etapa?
Cerrar una etapa supone arrancar otra, aunque no sepamos qué nos depara. Yo empecé y cerré varias. Nunca las había volcado en un libro. Mis aportes fueron esquirlas surtidas en artículos, revistas o programas de televisión. Pero libros, nunca. De hecho, en dos ocasiones renuncié expresamente a escribir uno. La primera vez, siendo muy joven, me dije: “El día que conozca la respuesta final sobre los ovnis, lo escribo”. Las pretensiones eran tan desmesuradas que el proyecto consistía en impedir su concreción. La segunda vez, en 1987, armé un librito sobre ovnis en Capilla del Monte. Se llamó El Santuario Extraterrestre y fue escrito a varias manos. Llevamos ese libro a varias editoriales. No sé si porque su enfoque era demasiado científico o porque era prematuro hablar del “fenómeno Uritorco”, la cosa es que no interesó a nadie. Entonces, me dije: “Última vez que escribo sin tener asegurado el editor”. Da pena ver cómo un original se pone viejo y queda inédito. Uno piensa: “Lo actualizo o lo tiro a la basura”. Ese librito era más candidato al tacho que a la eternidad, pero en esos momentos te sentís incomprendido. Invasores nació de otra manera. A Pablo Avelluto, gerente de Editorial Sudamericana, le llevé otras propuestas, y este libro fue una idea suya. “Después escribí sobre lo que quieras, pero primero tenés que contar tus mejores historias sobre ovnis”, me dijo.

-A lo largo del puñado de historias que cuenta el libro, ¿vamos a encontrarnos con algún caso inquietante, de esos que nos hacen pensar que los ET nos están esperando a la vuelta de la esquina?
Casi todas las historias que forman parte de Invasores aparecen en el contexto de una investigación periodística que pretende honrar la “objetividad” (ponele comillas) ejerciendo una profunda subjetividad. La idea fue contar historias humanas, con los ingredientes propios de las historias de misterio, sin esconder nada. Hablar del testigo en ruleros, si los tiene puestos, y de mis propios descuidos, si metí la pata. También quise explicitar, cada vez que vino a cuento, los mecanismos de producción de cada crónica. Ahora, si estas historias tienen algo inquietante es que respetan el clima que impone la estructura narrativa de la matriz de las que proceden, que es el llamado “periodismo de misterio”. Yo creo que, si el libro tiene algún mérito, es que, si a la vuelta de la esquina los extraterrestres no están, descubrís otra cosa más interesante. Si no hay marcianos, hay yapa.

-Usted dice que, paradójicamente, son más fantásticas las historias de los protagonistas de estos casos que lo que cuentan sobre los supuestos alienígenas. ¿No nos estará engañando, vendiéndonos gato por liebre, al presentar una suerte de casos delirantes, dignos de internación psiquiátrica, antes que una investigación exhaustiva sobre la posibilidad de contactos con vida extraterrestre?

Ni en la letra chica digo que Invasores es “una investigación exhaustiva sobre la posibilidad de contactos con vida extraterrestre”. Tampoco pretendo denunciar delirios. Hasta donde recuerdo sólo hice una entrevista a un interno psiquiátrico. Y el hombre –que se cree Jesús– me habló de las entrevistas que le hicieron en la década de 1970 Santos Biasatti o Víctor Sueiro. Los médicos a lo mejor pensaron que eran desvaríos suyos. Pero él, efectivamente, estuvo en televisión y fue entrevistado por esos periodistas.

-Pasemos del libro al autor. Usted se inició como un ferviente convencido en la existencia de los ovnis, allá por su adolescencia; luego pasó a practicar un escepticismo activista. Hoy nos presenta una faceta intermedia, más comprensiva si se quiere. ¿Era necesario pasar por esas etapas para llegar a esta especie de equilibrio actual?
Veamos. Yo creo que, siendo ufólogo, no fui un creyente tan ferviente; tampoco creo que, en mi temporada racionalista, mi escepticismo fuese tan feroz. Mis pasos fueron progresivos, no saltos al vacío. Ahora bien, si hubiese escrito Invasores siendo ufólogo o desmitificador, quizá hubiera sido un bodrio o un pelmazo. En ese orden.

-¿Pero qué es exactamente esa postura intermedia? ¿Se trata de considerar al otro como un “loco lindo”, o a lo sumo como alguien sincero pero confundido o equivocado?
No creo que haya una postura intermedia. En Invasores yo intenté ejercer un periodismo honesto, respetuoso con los protagonistas, con el oficio y, obviamente, con el eventual lector. El único tipo sinceramente confundido y equivocado que denuncia el libro debo ser yo mismo, cuando descubrí que era un pésimo observador de ovnis la noche que pasamos en el puesto de vigilancia de luces extrañas que tiene Silvia Pérez Simondini en Victoria, Entre Ríos. De mi trabajo puedo decir que fue hecho con responsabilidad o, si quiere, de compromiso con los historiadores que mañana deseen documentarse sobre lo que para mí son piezas fundamentales de la cultura popular sobre los extraterrestres en la Argentina. Quiero decir: fui riguroso en la búsqueda de las fuentes originales, al hacer las entrevistas y al reflejar cada vivencia. No juzgo a las personas, transcribo lo que me dijeron, las contextualizo y sumo otros datos o testimonios para tratar de comprender sus experiencias. No hay locos lindos, ni equivocados, ni confundidos; hay seres humanos que son, como todos, un poco de todo, y también con sus virtudes, evidentemente.

-Lo que quiero saber es, en suma, en qué cree usted. ¿Es hoy un agnóstico del tema ovni?
En cualquier crónica las creencias del cronista son irrelevantes, pero entiendo que, por la naturaleza de la cuestión y mi propia biografía, mis creencias puedan suscitar curiosidad. Por eso, en Invasores blanqueo el tema de entrada. Soy un agnóstico en materia de fe, y en eso incluyo a los ovnis. Mi escepticismo, en todo caso, es una condición inherente de quien pretende ejercer el periodismo responsablemente. Hay una idea errónea, pero muy arraigada, de lo que es “ser escéptico”. El escepticismo es un tamiz que deja pasar el material espurio y retiene las pepitas.

-¿El día de mañana puede darse otra mutación en su pensamiento?
Espero mantener la flexibilidad intelectual que me permita mutar tantas veces como la vida lo disponga. Yo disfruto de las sorpresas, así que sigo buscando oro, que en mi caso son buenas historias reales de seres humanos. No importa de lo que hablen, si es de sus problemas con los extraterrestres, los políticos, su pareja o lo que sea.

-Y respecto de las causas misteriosas que provocan la creencia en los ovnis, ¿cree que hoy la ciencia puede explicar estos fenómenos con exactitud, o considera que hay ámbitos de la psique (o de alguna otra cosa) que aún son áreas grises para el conocimiento científico tal cual se desarrolla hoy en día?
Hay causas misteriosas y otras no tanto. La ciencia puede explicar algunos fenómenos, pero no siempre con exactitud, ya que en general los ufólogos no tienen evidencias sólidas para analizar bajo un microscopio sino testimonios humanos, volátiles, falibles e imperfectos por naturaleza. La transmisión de la información sobre vivencias inusuales atraviesa un proceso de múltiples filtros. Entre la experiencia perceptiva y el relato del testigo hay una cadena de intermediarios donde cada uno enriquece el producto, o el relato, con lo mejor de su casa. Ufólogos, periodistas, científicos, escépticos… Todos, no sólo el testigo, recargan la historia con sus deseos, intereses, pasiones, prejuicios… Esa diversidad de fuentes humanas, que para las ciencias duras son insuficientes para acorralar un enigma mal definido (¿qué significa estudiar lo “no identificado”?), es material precioso para ahondar en esas experiencias humanas –demasiado humanas– desde las ciencias sociales. Pero me parece que los historiadores, los antropólogos y los sociólogos no se interesan mucho en estas cosas. Bueno, en realidad los argentinos, porque afuera hay muchos que sí.

-Volviendo al libro, ¿qué cree que puede aportarle a un escéptico, a un creyente y a un simple interesado, pero neófito en el tema? ¿No se arriesga a no satisfacer a nadie, según el antiguo adagio “quien mucho abarca poco aprieta”?
Creo que ese riesgo es mínimo, porque el libro aporta información para que todos –escépticos, creyentes o el interesado que vio luz y subió– formen su propio juicio sobre el asunto. El que cree encontrará razones para seguir creyendo que la verdad está ahí afuera, y el escéptico encontrará las suyas para decir que está ahí dentro. Espero que ambos extremos coincidan conmigo en que la realidad es más atractiva, y más divertida, que la ficción.

-¿Sería aventurado pensar en un Invasores II en el corto plazo?
No. Empecé el libro con veintinco historias y quedaron las once mejores. Iban a ser trece, pero tuve que quitar dos extranjeras porque, a último momento, la editorial me pidió que incluyera sólo historias argentinas. Si el libro encuentra a sus lectores, los otros casos –sucedidos en Chile, Perú, Brasil, Australia, España y los Estados Unidos– pueden salir más adelante.

-Los casos que se cuentan en el libro dan la impresión de poseer un registro narrativo televisivo. ¿Cree que en ese medio estos relatos lograrían una expresión más acabada?
Sí. En este momento trabajo en un proyecto para producir una serie de documentales basada en las historias que mejor se adaptan a ese formato.

-Por último, si de pronto usted se encontrara con un ET (y no dudara de que es un ET). ¿Qué haría?

Supongo que lo invitaría a tomar unos mates. Mi primera pregunta sería: “¿Dulce o amargo?” Según fuese la respuesta, sabría si estoy por escribir la mejor historia de mi vida o si nos aburriremos juntos, condenados a la experiencia más frustrante que pueden vivir dos seres de cualquier especie, que es el hastío o la incomunicación.

Gracias a Nahuel Sugobono, autor del reportaje, y a María Laura Ferro, editoria de Uno Mismo, por permitir su reproducción.

La nota completa en PDF se puede descargar desde aquí.

Anuncios

1 comentario

  1. no saben naa sobre ovnis yo lo se poqe
    lovi no son malos mas bien nos ayudan tienen 7sentidos


Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s