“Es el libro que Alejandro Agostinelli estaba moralmente obligado a escribir”

Hace algunos años, le pregunté a Alejandro Agostinelli cuándo se decidiría a escribir la gran historia de la ufología argentina, tal como Ignacio Cabria había hecho con Entre ufólogos, creyentes y contactados. Debido a la cantidad impresionante de personajes, literatura y casos de la ufología trasandina, un libro de tales características sonaba muy prometedor (aunque sólo existiera en mi imaginación). Alejandro respondió que la tarea se avizoraba muy difícil y compleja, casi inabordable para el escaso tiempo de que disponía en ese entonces. No siempre la vida (léase los compromisos laborales, personales y las cuentas por pagar) es complaciente con los atrevidos que escriben sobre platillos volantes sin vender mercadería falsa de extraterrestres.

Pasaron los años. Y me encontré un día con un ejemplar de Invasores en las manos, regalo del autor…

No se piense, en todo caso, que el obsequio del libro puede hacer más benevolente esta crítica. De ningún modo. Lo que pasa es que no es necesaria tal lenidad, por dos razones fundamentales. Primera, aunque Invasores no sea la historia que yo reclamé de Agostinelli a comienzos de este siglo, es un producto similar en sus resultados. Los avatares del mundo ufológico argentino (y no sólo argentino) están allí. Y lo cierto es que están magníficamente expuestos, en páginas que emocionan y entusiasman, pero que también suscitan risas y algunas dosis de melancolía.

Segunda, porque es una obra formidable, pues armoniza la investigación periodística con las bondades de la buena escritura. La amenidad  no sólo queda garantizada, sino también la certidumbre de que ella no se logra a costa del rigor informativo o de la profundidad del retrato humano.

Las historias de extraterrestres seleccionadas por Agostinelli son todas, a su manera, apasionantes. Seré sucinto, pues esta obra ha merecido ya varias reseñas, incluso en el blog de La Nave de Los Locos (a cargo de Diego Zúñiga). Y no adelantaré nada, para no arruinar el halo de misterio que debe tener un libro ufológico, cualquiera sea su orientación (crédula o descreída). Sólo destacaré un capítulo, poco mencionado en otras reseñas y hasta por el propio autor en las entrevistas, que muestra lo mejor de la “fenomenología OVNI”, esto es, cuando ésta sale de su plúmbeo caparazón extraterrestre y “magnetiza” a otros seres misteriosos, a nuevas visiones extravagantes, al folklore que, para irritación de los más mecanicistas, ha sido el compañero insoslayable de estas fantásticas historias. El capítulo sobre mutilaciones de ganado, entidades vampirescas y humanoides carnívoros (pp. 213-261), contrasta oportunamente con los discursos de los iluminados y con los sueños de quienes han puesto en ellos sus esperanzas. Nos da un pequeño paseo por la olvidada paraufología –que no podía estar ausente- y nos pone abruptamente en tierra, en este planeta de colores y hedores, de sangres y fluidos, tan asombroso como los mundos lejanos.

Agostinelli, como lo ha dicho Daniel Riera en el prólogo, nos muestra historias extrañas, claro; algunas de ellas, francamente increíbles. Pero lo que nos queda, siempre, son los seres humanos. Invasores respeta a los protagonistas y no se burla de ellos; nos saca muchas sonrisas escépticas, incluso carcajadas, es cierto, pero no habla desde un atalaya de superioridad moral e intelectual. Por el contrario, descubrimos que no somos tan distintos de esos individuos que cuentan sus relatos sobre marcianos y salvadores cósmicos. Estamos todos en lo mismo entonces, jodidos o felices, pero todos acechados por las grandes miserias y grandezas de la condición humana: el vuelo del pensamiento, la enfermedad, la libertad de otorgarle un sentido al azar, la muerte… Es por eso que me interpreta plenamente lo dicho por Agostinelli al periodista Javier Sinay:

El testigo siempre tergiversa su relato’, acusan algunos críticos. Okay, pero… ¿acaso el escéptico nunca lo hace? Todos tergiversamos. ‘Invasores’ no pretende predicar la creencia en los extraterrestres ni lo contrario. Son historias documentadas, que muestran la increíble realidad que han vivido, o todavía viven, todas esas personas con vidas tan singulares. Que no son tan raros como algunos creen, ni están locos, ni pretenden lavarnos el cerebro, o al menos no más que el curita de pueblo cuando da su misa.

Ni el ufólogo creyente –aunque crítico- que era Agostinelli a fines de los setenta y principios de los ochenta, ni el escéptico que fue después, presidieron la escritura de este libro. Por supuesto, sus sombras aparecen de vez en cuando entre los rincones; es inevitable: el autor tiene una historia personal entretejida con los avatares de sus creencias (o descreencias) ovnísticas. Pero, como él mismo lo ha dicho, entre el ufólogo y el escéptico… finalmente ganó el periodista. Y, agregaríamos, también el lector.

En fin, éste era el libro que Alejandro Agostinelli estaba moralmente obligado a escribir; ello, para quienes le hemos seguido en sus vivísimas semblanzas de los protagonistas de OVNIlandia, en revistas como CdU y otras similares: desde los neo-escépticos de la hipótesis-psicosocial hasta el asunto UMMO; desde los miembros de un culto OVNI a una entrevista con John Keel. Pues bien, todo ese bagaje inmenso tenía que plasmarse en una obra, tenía que pasar de lo potencial a las máquinas de imprenta. Tenía que salir un libro.

Y así, hace un año, comenzó la invasión.

Sergio Sánchez Rodríguez

Es abogado criminalista, autor del libro Pasaporte a OVNIlandia (1999) y coeditor de La Nave de los Locos, entre las tres más prestigiosas revistas ufológicas publicadas en habla hispana.

(Primera publicación: La Nave de los Locos Nro 37, Año 10, 2010.)

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