Crónicas marcianas y argentinas

Periodista especializado en ovnis y creencias heterodoxas, Alejandro Agostinelli compiló en su primer libro once historias en las que se entrelazan alienígenas y argentinos, donde lo que predomina, finalmente, es la fábula humana.

Dice que en los setenta fue un adolescente apasionado por los ovnis y que desde entonces los platos voladores no lo abandonan. Alejandro Agostinelli –un periodista de largo oficio que actualmente deposita su pasión alien en el blog Magia Crítica– fue secretario general del Centro de Investigaciones Ufológicas (C.I.U.), editó la revista Ufo Press y estuvo entre quienes organizaron la filial local del Center for Ufo Studies(C.U.F.O.S.), dirigida por el doctor Joseph Allen Hynek. Además, estuvo a cargo de “En trance”, la sección fija de crónicas esotérico-científicas del diario La Prensa que fue pionera en llevar estos temas a un diario nacional con constancia. Su currículum ufológico es extenso y en sus renglones destaca la creación del sitioDios!, especializado en creencias contemporáneas. Ahora, luego de tanto camino, Agostinelli acaba de publicar “Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina”, uno de los más logrados libros de crónicas marcianas nacionales. “Elegí historias que tuvieron gran repercusión en los medios y que me impactaron desde mi adolescencia”, cuenta el autor. “Para escribir el libro volví sobre ellas. Empecé por recordar el asombro que me causaron y seguí rescatando carpetas con recortes, casetes viejos, revistas. Y entonces salí a buscar a los sobrevivientes, en el caso de las historias más antiguas”.

El resultado es un rejunte extenso de historias que, como bien anticipa una de las solapas del libro, no sólo hablan de extraterrestres: también lo hacen de terrestres-extra, de argentinos comunes que, un día, atravesaron una experiencia de otro planeta. El periodista Daniel Riera, que escribió uno de los dos prólogos que anteceden a las historias, anotó que “Los problemas de la gente que ha visto platos voladores, ha conversado o ha hecho el amor con extraterrestres se parecen mucho a los problemas de los que no hemos tenido esta clase de experiencias”. “Fui a buscar a estas personas a veces como biógrafo, otras como testigo y otras como mero cronista”, dice ahora Agostinelli. “Trabajé el material con tiempos poco habituales para un trabajo periodístico. Me llevó décadas saber que algunas historias estaban maduras. Traté por años a estas personas. Gracias a eso a veces logré presenciar episodios singulares de sus vidas poco después o en el momento en que éstas sucedían. Te doy dos ejemplos. Con el Comandante Clomro, un artista platense hoy radicado en México, nos hicimos muy amigos. Entonces seguí su derrotero desde que me senté con él a tomar un café allá por 1991, cuando me confesó que para él una gurú le había reemplazado su “energía” o espíritu por la de un “segmento extraterrestre”. También es el caso de Silvia y Andrea Pérez Simondini, con quienes viví una experiencia digna de un capítulo de Expedientes X; curiosamente, Silvia revivió para mí el giro dramático que dio su vida una noche donde el cielo fue asaltado por luces que, para ellas, eran esos ovnis que siempre salen a buscar en el cerro La Matanza, en Victoria, Entre Ríos. Son algunas pastillitas entre otros sucesos bastante alucinantes”.

¿Cuál es la actitud que hay que tener frente a alguien que cuenta una de estas historias? 
Depende del momento. El mago, primero, necesita que le creas. Después, te toca a vos pensar cómo lo hizo. Yo me mantuve a cierta distancia prudencial porque quise ser todo lo periodístico que pude según mi peculiar concepción de lo que es el periodismo aplicado al misterio. ¿Para qué novelar cuando tus entrevistados te hablan de realidades extraordinarias? Eso no supone restar recursos literarios, evidentemente quise construir relatos atractivos, pero también es cierto que con el material que conseguí reunir cuesta mucho menos lograr resultados periodísticos interesantes. Recién empieza a dar trabajo si tenés consciencia de que, además de enganchar al lector, tenés que respetar su inteligencia, eso que los periodistas estamos tan acostumbrados a minimizar. Debemos ser fidedignos, facilitarle el acceso a tus fuentes… Ni hablar si, además, tenés la peregrina idea de que el material que el libro contiene podría poseer algún día valor histórico o antropológico. Para mí fue inevitable ser riguroso y utilizar toda la bibliografía disponible. Sólo por esto puedo decir que “Invasores” me dio trabajo. Ahora bien, de los periodistas algunos esperan una mirada neutral, fría o distante. Ese periodismo a mi no me interesa. Una actitud forzadamente objetiva, entre comillas, suele enmascarar la ideología del cronista quitándole toda la frescura que la crónica necesita para ganar el crédito del lector en buena ley. En suma, frente a los protagonistas de estos encuentros extraños, o de estos testimonios de otros que revelan sus encuentros con lo extraño, en mi caso no esperes credulidad ni rechazo por la realidad de sus experiencias. De un lector inteligente, en cambio, espero que sea desobediente con el cronista. Quiero decir: no sólo espero, sé que leerá “Invasores” según su propio sesgo, su propio crisol.

¿Pero cuál es enfoque más recomendable? ¿La credulidad o el escepticismo? 
Por un lado, sospecho que para disfrutar de la magia de estas historias primero hay que creérselas. Pero, por el otro, sé que, cuando la película terminó, el escepticismo es el mejor consejo que puedo dar si además de disfrutar de una historia atrapante queremos aprender algo nuevo. No me refiero al mal escepticismo que niega antes de investigar, sino al virtuoso, que es aquel que suspende el juicio por falta de pruebas o las busca para formarse un juicio equilibrado. Creo que “Invasores” estimula de un modo transversal el pensamiento crítico, entre otras cosas porque facilita al lector información que Fabio Zerpa, digamos, omitiría. Menciono a Zerpa porque él tiene otro propósito, él es un personaje interesado en pregonar que los extraterrestres son una realidad indiscutible. Y si bien ese no es mi propósito, tampoco defiendo lo contrario: no cargo las tintas sobre las explicaciones racionales porque ellas también pueden ser contradictorias, arbitrarias o malintencionadas. “El testigo siempre tergiversa su relato”, acusan algunos críticos. Okay, pero… ¿acaso el escéptico nunca lo hace? Todos tergiversamos. “Invasores” no pretende predicar la creencia en los extraterrestres ni lo contrario. Son historias documentadas que muestran la increíble realidad que han vivido, o todavía viven, todas esas personas con vidas tan singulares. Que no son tan raros como algunos creen, ni están locos, ni pretenden lavarnos el cerebro, o al menos no más que el curita de pueblo cuando da su misa.

¿Hay un método serio para analizar una historia de ovnis? 
Cómo no. Muchos investigadores analizan seriamente estas experiencias. A mi juicio, los más competentes en nuestro idioma son los que nuclea la Fundación Anomalía (actualmente Fundación Íkaros) en España. Sus trabajos son publicados en la revista “Cuadernos de Ufología“, en libros y monografías especializadas.

¿Por qué creés que los extraterrestres se aparecen a gente ajena al tema y no a los ufólogos? 
Tal vez eso era más frecuente entre los sesenta y los ochenta, cuando la prensa informaba noticias de ovnis casi a diario. Pero esa tendencia ha declinado bastante. Hoy, la nave madre de la invasión es Internet. Muchas de las historias que se cuentan son transmitidas por ufófilos y ufólogos que se han corrido cada vez más del lugar de investigadores y ahora parecen haberse vuelto testigos o, si no, catalizadores privilegiados de estas experiencias. Tal vez por eso me centré en unas cuantas historias previas a Internet, donde prevalecía cierta ternura, o cierta ingenuidad, que no digo que no exista ahora, pero es más difícil de hallar.

¿Cuál es la historia más fascinante del libro? 
En todos los casos elegí aquellas historias que, a mi criterio, merecían una película. Empecé con 25, escribí 14 y en el libro, por cuestiones de espacio, quedaron 11. Todas me parecieron fascinantes. Aunque en el libro quedaron las que consideré más redonditas y tenían un color distintivo en términos de estructura narrativa. Todas son diferentes y ofrecen algún plus. En el caso de la abducción del matrimonio Vidal, que iba a Chascomús y apareció en México, también trato de explicar cómo se investiga una leyenda urbana. En la historia del chacarero a quien un plato volador le robó el celular aparece una constelación de voces que son las que precisé para reconstruir una leyenda rural contemporánea. También me pareció fascinante la biografía de Martha Green, la mujer que supo construir una familia hermosa, pero cuya vida cambió radicalmente cuando se enamoró de Enis, el científico extraterrestre con el que aseguró haber tenido dos hijos en el planeta Ozonis. La vida de Martha, quien lamentablemente acaba de fallecer, es un ejemplo de la vida maravillosa que estas experiencias, sean reales o no, le pueden otorgar a una persona en busca de la felicidad.

¿Qué lugar ocupa la Argentina en el mapa de los encuentros con extraterrestres? 
Un lugar destacado junto con los Estados Unidos, Australia, Brasil, México, Chile, Inglaterra, Francia, España e Italia. Creo que no me equivoco si digo que de esos países proceden las historias más interesantes. Que no en vano son las sociedades que han desarrollado más intensamente la vocación ufológica a través de grupos de investigación, revistas especializadas o programas de radio o televisión.

Última: después de dedicarle tanto tiempo al tema, ¿estás convencido de que existen los extraterrestres? 
¡Ahá, ya veo! ¡Querés que te cuente el final de “Invasores”! Mirá, para contar estas historias no hace falta creer o no creer en los extraterrestres. Es un libro protagonizado por terrícolas. Espero que a los lectores no les importe conocer mis creencias para disfrutarlas. O aprender algo nuevo tratando de descubrir por sí mismos cuánto tienen de verdad o de ficción. En todo caso, la ficción nunca es mía. Como tampoco agregaría ficción si en vez de extraterrestres hubiese escrito un libro sobre religiones extremas, ángeles o piqueteros. En todas estas historias son personas de este mundo las que nos cuentan sus experiencias. Te aseguro que muchas de ellas son más que inquietantes.

Por Javier Sinay

Publicado originalmente en Ciudad.com el 5 de junio de 2009

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