“Todos tenemos un extraterrestre en el placar” (Diario Río Negro, 31/01/2011)

Para su libro “Invasores”, el periodista Alejandro Agostinelli organizó un archivo y trabajó con una veintena de experiencias de todo el mundo. En el proceso de reinvestigación solo incluyó casos argentinos.

(Publicado en el Diario Río Negro el 21/01/2011).

–Después de tantos años investigando acerca de ovnis y extraterrestres, ¿por qué decidió escribir “Invasores”? ¿Qué lo llevó a hacerlo?

–Sinceramente, fue un desafío a mi aburrimiento. Empecé a escribirlo después de diez años de fabricar chorizos en una editorial de revistas. Cuando me fui de esa empresa propuse a Random House-Sudamericana una decena de libros de investigación periodística. Sólo tres tocaban de costado el tema E.T.

–¿Qué libros había propuesto escribir sobre alienígenas?

–Uno sobre la conspiración terrícola del planeta Ummo, otra era una biografía sobre J. Posadas, el más extravagante líder del trotskismo argentino; otro sobre los políticos que incluyen en sus plataformas campañas de concientización sobre las buenas nuevas de las civilizaciones galácticas y unos más que ahora no me acuerdo. También estaba “Invasores. Ellos están aquí“. Pero con otro enfoque. En aquel abordaba la presencia cultural de los ovnis, era más bien un ensayo que pretendía desacralizar la idea de que los ovnis son puro charlatanismo. El ovni –para casi todos la nave que trae el extraterrestre dentro– tiene su propia agenda, sus propias submitologías, y despierta preocupaciones dispares, muchas de ellas –como los Hombres de Negro, los Rubios Buenos y los Grises Malos, por ejemplo– firmemente instaladas en la cultura popular.

–Antes dijo que quiso desafiar su aburrimiento…

–Claro, a la inmensa mayoría de la gente le interesan cuatro o cinco aspectos de los ovnis, y a cualquiera le aburre girar siempre alrededor de lo mismo. Pablo Avelluto, gerente de Sudamericana, me propuso que buscara las mejores historias sobre extraterrestres que yo había investigado. Organicé mi archivo y reuní 25 casos de todo el mundo. En el proceso de reinvestigación me dijeron que “Invasores” sólo iba a incluir casos argentinos. ¿Y qué hago con el viaje que hice a Chile, las llamadas a Perú, a Venezuela…? Nada. Me tuve que limitar a las historias argentinas. Entonces quedaron las que para mí son las mejores once historias.

–Varios críticos señalan que su libro despierta sonrisas y hasta carcajadas, pero que no se burla ni habla desde un lugar de superioridad moral ni intelectual. ¿Por qué cree que hay gente que se burla de estas creencias?

–No me gusta pontificar, pero el que se burla quiere herir. O es un ignorante que se ríe de lo que no entiende y quiere demostrar cuán enorme es la distancia que hay entre la presunta idiotez del que cree y la improbable genialidad del escéptico burlón. La burla es cualitativamente inferior a la ironía. Sin duda, nadie supera a otro en una batalla intelectual basada en una pulseada de risas. Es verdad que las inocentadas a las que te expone el mundo de las creencias humanas a menudo te hacen sonreír. Como sea, muchas veces la sonrisa inteligente requiere de conocimiento. En “Invasores” hay información cuidadosamente recopilada. Aquella historia que los ufólogos consideran tema de estudio, para los escépticos es material humorístico. Y está bien, trabajé el libro consciente de que el lector debía sentirse libre de hacer lo que deseara con esas historias. Nunca digo (salvo alguna excepción, que señalo expresamente y con mis disculpas) en qué dirección es correcto pensar.

–Realizó varias entrevistas, ¿con qué personas se ha encontrado?

–Con personas que no son tan distintas de cualquier otra. ¡Y claro que no lo son! ¡Pisamos el mismo planeta! ¿Vos sabés cuánto nos acerca ser conscientes de que todos somos parte del mismo punto azul? No te imaginás cuánto. Y el mérito de muchos de mis entrevistados (por lo menos los terrícolas, porque hay al menos uno que dice venir de otro planeta) consiste en que han logrado desplazarse del ombliguismo que supone habitar un mundo duro como la Tierra. No, no somos distintos. Todos tenemos un extraterrestre en el placar.

–Daniel Riera dice que “Invasores” es “un gran libro de seres humanos”…

–En uno de los prólogos (otro lo escribe Pablo Capanna), Daniel, que para mí es uno de los grandes cronistas del nuevo periodismo latinoamericano, dice que en “Invasores” descubrió lo mismo que yo había descubierto en las historias sobre las que escribí: que aunque el tema son los extraterrestres, siempre hablamos de seres humanos. Con todas las aventuras, contradicciones, pasiones, amarguras, desengaños y torpezas que eso supone.

–¿Qué fue lo que más le importó a la hora de escribir el libro?

–Poner por delante las experiencias tal como las describieron las personas involucradas en cada historia antes que extenderme en mis propias impresiones. Iba por un corredor estrecho porque me habían pedido que escribiera este libro en primera persona. Pero la consigna me ayudó: cuando sentía que mi opinión estaba por aflorar, entonces me distendía y la confesaba. El lector agradece más el reconocimiento de la propia subjetividad a que pretendan engañarlo con una objetividad mentirosa. Aun así, me interesé abnegadamente en no traicionar el relato de los protagonistas.

–¿Cree en la vida extraterrestre?

–Sí, pero me cuesta entender qué tienen que ver los extraterrestres con los ovnis, que son un fenómeno más terrestre que el dulce de leche. “Invasores” habla poco de alienígenas tal como los entendemos a partir de la ciencia ficción, los dibujos animados o las leyendas de internet. Es curioso, me preparé toda la vida para escribir un gran libro sobre marcianos y acabo hablando de seres humanos, como dice Riera.

–¿Cómo y cuándo empezó a estudiar estos fenómenos?

–En la Escuela Normal Luis María Cullen, en la primaria. Con mi amigo Rafael Villari hacíamos conversar a un astronauta terrestre con un marciano. Eran obras de títeres. Mi marciano con cabeza de naranja Bilz trataba de imaginar la improbable comunicación entre seres de mundos tan distintos. En mi adolescencia formé un grupo de estudios ufológicos con mis compañeros de la secundaria. Íbamos al campo a recoger muestras de huellas de presuntos aterrizajes y viajábamos miles de kilómetros para entrevistar a un paisano. Cuando tenía 25 años deserté de la ufología. A esa altura iba a los congresos de ufólogos a dar conferencias sobre la sociología del mito extraterrestre y sigo preguntándome cómo me dejaron escapar vivo.

Agostinelli con Adalberto Ujvari, el Cefanc, el congreso organizado en Massachusetts por la MUFON, la revista "Fenómenos Aéreos" y otros hitos de los ochenta.

–¿Y por qué se alejó de la ufología?

–Me di cuenta de que había tres caminos y que ninguno me apasionaba. Para estar enrolado en el contactismo o en la ufología religiosa es preciso tener fe en que los extraterrestres vienen a salvar a la Humanidad, y siendo chico lo único que percibía de esos presuntos extraterrestres era una indiferencia espantosa.

–¿Cuál era la segunda opción?

–La ufología científica, pero tampoco quería pasarme la vida tratando de explicar qué pudieron ver los testigos. Para ocuparse de eso hay que tener una fuerte motivación, y si no estás convencido de que los extraterrestres nos visitan, sin esa mística, dedicarse a la ufología es un poco insensato. No niego que sea útil buscar las causas de los avistamientos. Pero eso ya lo hice en una etapa de mi vida, aprendí un montón de cosas y cerré la puerta, que sólo abro muy de vez en cuando, porque sigo convencido de que los interesados en el asunto deben ser correctamente informados.

–¿Y la tercera opción cuál era?

–Por último, podés ser un ufólogo escéptico. En estos casos, no sólo buscás explicaciones racionales sino que cuando las encontrás además tenés que predicarlas a viva voz, con seguridad apostólica, porque se supone que el escéptico debe convencer al mundo de que los ufólogos son todos unos charlatanes o, en el mejor de los casos, persiguen una ilusión. En fin, he conocido a presuntos escépticos que inventan “explicaciones científicas” para predicar su antidogma o su “explicación definitiva”.

No me agrada ser confundido con tales personas.

–Fue un ufólogo crédulo y un militante del escepticismo, ¿en qué lugar se ubica ahora y por qué?

–En el mismo lugar que nunca debí abandonar, que es el del periodismo. Por eso, en la introducción de “Invasores” digo que si hubiera sido ufólogo, creyente o escéptico militante, nunca hubiese podido escribir este libro, que requirió de mí renunciar a un montón de atavismos en beneficio de contar mejor cada historia. Lo que me hace feliz son las cartas de estudiantes de periodismo que dicen haber hallado en “Invasores” inspiración para sus propias investigaciones periodísticas.

Eso ya es mucho más de lo que esperaba.

JUAN IGNACIO PEREYRA

Especializado en el misterio. Alejandro Agostinelli es periodista. Fue colaborador de las revistas “Conozca más”, “Misterios”, “Enciclopedia Popular Magazine” y “Gente” y de los diarios “La Prensa” y “Página/12”, entre otros medios. Fue uno de los impulsores de la Fundación Cairp (Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia). Además, escribió y asesoró a la revista “El ojo escéptico”. También fue productor de televisión en Canal 9 y América TV. En editorial Perfil fue secretario de Redacción de revistas de divulgación científica como “Descubrir” y “NEO”, además de tener a su cargo la edición de varias colecciones para la revista “Noticias”.

Colaboró en la revista “Pensar”, publicada por el Center For Inquiry Argentina (CFI/Argentina). Creó el sitio web “Dios!” (2002-2004) y el blog “Magia crítica“. Es autor de “Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina”, que editorial Sudamericana publicó en el 2009. Actualmente es asesor de Incoming, noticiero de Canal Infinito, y de productoras de contenidos de documentales históricos y científicos. Además, escribe en su blog Factor 302.4.

Primera publicación: Diario Río Negro, Lunes 31 de enero de 2011.

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