En el camino de Charles Fort

Oscar Galindez

Oscar Galíndez. Fotograma: Alternativa Ovni

Por Oscar A. Galíndez (*)

Si bien Invasores es un notable compendio de hechos extraordinarios acaecidos en nuestro país, no resisto la tentación de correlacionar su contenido, su filosofía y su original perspectiva, con la obra de Charles Hoyt Fort[1]. Parafraseando la “Introducción” que aparece en la versión en lengua hispana[2], ese libro fue catalogado como la “fusión de todas las cosas en las demás, la imposibilidad de distinguir cualquier cosa de cualquier cosa en un sentido positivo, o específicamente de discernir la vida de cada día de la existencia de los sueños” (…) “Es algo que muchas personas no han querido”. Pero que, a pesar de ellas, han sucedido. “Para algunos una primera lectura parecerá tal vez tan sólo un amasijo de datos más o menos extravagantes” (…) “Pero el mérito de El libro de lo condenados  (y, me permito interpolar, también el de Invasores), es mucho más profundo que la simple recopilación de unos hechos malditos; me atrevería a decir que es, incluso, el del planteamiento de una nueva filosofía”.

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Contacto en el Kavanagh

De Invasores sólo estaba disponible en pdf el primer capítulo, “Primero fue el varkulets”. Ahora, a propósito de un comentario de Beatriz Sarlo, que se puede leer en FactorElBlog, pedimos autorización para subir el capítulo en cuestión a la web. Se trata de la versión en pdf de “Contacto en el Kavanagh” publicada, a modo de adelanto, en la revista española Cuadernos de Ufología. A disposición de los interesados, entonces, el segundo capítulo de Invasores. Y si quiere saber más, puede visitar la comunidad de lectores del libro en Yahoo! o su página en Facebook. En cualquiera de ambos foros será atendido por su dueño 🙂

Descargar “Contacto en el Kavanagh”

Descargar críticas a Invasores en sección “Comentarios bibliográficos” de ANUARIO CDU 2009 – Invasores

Primero fue el varkulets

martin-fierro-ch-fedhar-1El Capítulo I de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009) ya está disponible on-line. También fue publicado un resumen en la revista Noticias, titulado Aliengaucho, o el Martín Fierro en lengua extraterrestre. El original, más extenso, es también un ensayo sobre la filosofía del libro.

Descargar el capítulo (12 carillas, en Pdf) desde aquí o aquí.

“Contacto en el Kavanagh”: revelaciones en trance de un escéptico

Jorge Duclout, precursor de la divulgación científica en la Argentina, también fue el primer contactado del país sudamericano. Su fuente era un espíritu relacionado con seres de Ganímedes, la luna de Júpiter.

El segundo capítulo de Invasores – Historias reales de extraterrestres en la Argentina, “Contacto en el Kavanagh” describe la experiencia que vivió en la cima del edificio, allá por los cincuenta el más alto de Sudamérica, el primer grupo de contactados argentinos.
Durante la noche del 6 de septiembre de 1954, los hermanos Jorge y Napy Duclout -el primero de ellos medium- y nueve acompañantes (periodistas, productores de radio y televisión y una joven artista llamada Marta Green) ascendieron a la terraza del edificio erigido frente a la Plaza San Martín para confirmar el paso de un plato volador preanunciado dos años antes durante una sesión espiritista por un comandante de Ganímedes.
Entre 1993 y 1994, en un intento por averiguar qué clase de fenómeno presenciaron, consulté al astrónomo y matemático norteamericano Richard Branham, investigador del Consejo Regional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Cricyt), hoy Centro Científico Tecnológico CONICET-Mendoza, y al Ingeniero Superior de Telecomunicación y especialista en identificación de presuntos ovnis Manuel Borraz Aymerich, a quienes proporcioné todo el material que poseía sobre el caso.
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“¡Aterrizan los marcianos!” Pronósticos ufológicos sensacionales: un clásico en la subcultura del género

Una de las historias que investigué con más entusiasmo para Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009) fue la profecía de Francisco García, un contactado que decía ser “comandante de las fuerzas de Marte en la Tierra y marciano por parte de madre a nivel de la tercera reencarnación”. En 1973, García revolucionó a la localidad de Chascomús, provincia de Buenos Aires, y a la audiencia de Canal 13, cuando anunció que el contacto con los marcianos era inminente. “El próximo sábado, cincuenta platos voladores van a descender sobre la Laguna de Chascomús. No serán cuarenta y nueve ni cincuenta y uno, sino exactamente cincuenta platos”, dijo García el 16 de agosto de 1973 a Víctor Sueiro en Teleshow, un programa de entrevistas que compartía con José de Zer, entre otros.

La profecía de García falló y la historia hubiese podido terminar ahí. De hecho, don Alfredo D’Alessandro, por entonces socio del Club de Pesca y Náutica de Chascomús, despachó el asunto en poco más de dos minutos:

Ese capítulo de la ufología argentina, titulado Mi marciano favorito, iba a quedar inédito: ante la imposibilidad de dar con indicios de Francisco García, me propuse reencontrar y visualizar los archivos de las diferentes emisiones de Teleshow, que se ocupó del tema durante una semana, antes de poner manos a la obra; pero ni Canal 13 ni los principales documentalistas porteños sabían nada de aquel rodaje. Una luz de esperanza asomó cuando Sueiro me dijo que guardaba algunas cintas y podía mostrármelas. Lamentablemente, el periodista falleció antes de reunirnos y su familia no tuvo suerte cuando buscó el preciado material.
Casi sin darme cuenta, la reconstrucción de la odisea marciana había comenzado. Aparte del propio Víctor Sueiro, entrevisté a varios protagonistas secundarios (Adalberto Ujvari, José Eduardo Bonavita, Luis Urruti, Alfredo D’Alessandro, Abelardo Tejo y Juan José Castro, entre otros) y visité Chascomús para imaginar lo que menos posible lo que debió ser “la escena del contacto”. Luego logré hallar al legendiario Normando Anuar Busefi, otro profeta de extracción peronista –hoy internado en un neuropsiquiátrico- que respaldó el vaticinio de García y cuyo derrotero y destino merecieron un amplio despliegue en el libro.

También intenté reflejar el clima de la época: poco antes había vuelto a la Argentina el general Juan Domingo Perón, se produjo la masacre de Ezeiza, Estados Unidos huía de Vietnam del Sur, en Chile crecía el fantasma del general Augusto Pinochet, las sondas Pioneer partían al espacio profundo con un mensaje a posibles extraterrestres, la revista 2001, periodismo de anticipación era rebautizada “periodismo de liberación” y el diario Clarín comenzaba a publicar El regreso de Osiris, una novela gráfica de Alberto Contreras que mezclaba ciencia ficción, ufología y religión.
En Mi marciano favorito intenté poner en perspectiva a los profetas que prometen grandes revelaciones sobre realidades extraterrestres. Pero, también, quise mostrar cómo actúan los diversos actores antes, durante y después de la instancia de agitación social que causan estos pronósticos. Y que -cuando la profecía falla- poco se gana “apaleando” al profeta: el ensañamiento supone ignorar que siempre hay visionarios rondando por ahí y que, si tienen alguna influencia, es gracias a los periodistas, ufólogos, aficionados y, por supuesto, empresas periodísticas a las que “tanto les interesa” mantener al público bien informado. Ironía ésta que captará el buen lector de Invasores.

Adelanto: El extraterrestre arrepentido

El número 9 de Minibag, revista asociada al proyecto Bag Magazine, ofreció otro breve fragmento de Invasores, el capítulo El extraterrestre arrepentido. Es parte de la historia del comandante Clomro, un personaje que en los noventa anunció que su alma E.T. había encarnado en un ciudadano platense.
Bag presenta su historia así: “Clomro es un argentino extraterrestrizado que lanzó desde Internet una revolución social a escala planetaria. Pero, en realidad, es como un niño grande que se siente solo y necesita llamar la atención”.
El lema de Bag se adapta como un guante a la elección del comandante: “Llevá la vida que quieras”.

Descargar el artículo desde aquí (en pdf)
Portada de Mini Bag (en pdf)

Otros enlaces relacionados con el comandante Clomro

Por qué me saco la capucha en Invasores

Mi amigo extraterrestre

Enlaces a notas, entrevistas y críticas sobre Invasores

Slideshow de notas y presentación de Invasores musicalizado por Miguel Mateos (“Por mirar el cielo”).

Silvia Pérez Simondini, la señora de la ufología, y lo que dice de ella su desmesurada pasión por mirar el cielo

Me hice habitué de Victoria, Entre Ríos, desde 1991. Al principio, enviado por la revista Conocer y saber (luego Conozca Más), cuando se rumoreó que en la zona abundaban historias de ovnis. Luego seguí frecuentando la llamada “ciudad de las siete colinas” para reencontrarme con los amigos que hice en aquel primer viaje y para disfrutar de su calma pueblerina. Tras años sin regresar, a fines de 2007, visité y conversé tupido con Silvia y Andrea Pérez Simondini, creadoras del Museo Ovni de esa ciudad y “guías honorarias” hasta el puesto de vigilancia nocturna más concurrido por los visitantes, el cerro la Matanza. Y allí también estuvimos, dispuestos a vivir nuestra propia experiencia. Pero antes, en el patio del Museo, que también es el patio de la casa de Silvia, conversamos horas y horas. El audio de uno de esos diálogos (media hora que reproduzco íntegramente, sin editar) fue parte de “Cielo picado en Victoria”, el capítulo que dedico en Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina a las visiones de ovnis en la ciudad entrerriana y a la vida de sus encantadoras anfitrionas.

En junio de 2004, el Museo Ovni fue declarado de interés cultural y turístico por la Municipalidad de Victoria (ver foja número 1 y foja número 2 de los decretos). La primera vez que aterricé en el Museo me llamó la atención cierto clima de desamparo. Un periodista local pareció confirmar mi impresión: “Si ves más de tres familias un domingo a la tarde, avisame que voy con las cámaras”. Así se publicó en Invasores. Cuando el libro estaba en imprenta lo lamenté: en visitas posteriores comprobé que el colega había sido poco realista. O el escenario había dado un vuelco total. De hecho, cada vez que regresé, me resultó imposible conversar con Silvia. Siempre estuvo rodeada por quince o veinte personas que asistían a sus charlas, siempre fascinantes para los neofitos y divertidas o exasperantes para los escépticos.

LA ENTREVISTA
En el documento, accesible pulsando el casete, madre e hija ufólogas, especialmente Silvia, hablan de lo que creen y de lo que no creen. Del público que visita el Museo, que incluye desde extraterrestres en persona hasta científicos interesados en una rara pieza metálica hallada en 1991 en el distrito Rincón del Doll. Hablan de las visitas de un científico que les ofreció un GPS a cambio del metal y de sus conclusiones sobre los ovnis. Y de todas sus peripecias, entre tanto tejer y destejer aventuras con ufólogos, místicos y conspiranoicos. El fragmento dura media hora, créanme que se pasa volando.

Cuando tuve que reconstruir las casi seis horas de grabación, se desplegó delante de mí la historia de una mujer que trasciende holgadamente la del ufólogo estándar. Silvia vive intensamente su pasión por buscar ovnis. “Su deseo de mirar a donde nadie quiere ver -escribí en Invasores– le llevó a Silvia Pérez Simondini experimentar un segundo nacimiento: en Victoria había descubierto que la riqueza de verdad estaba en otra parte. Sus observaciones le hicieron crecer la ilusión de descubrir algo que premiara su obstinación, su deseo de ver a donde nadie quiere mirar.”

La historia de Silvia también es la historia de una mujer urbana, que abandonó una vida confortable para afincarse en una región rural, y la historia de su relación con Andrea, quien siempre le prestó un apoyo incondicional. En la entrevista se las oye remar juntas, o aventando las correntadas propias de la relación entre una madre y su hija, o la de una hija y su madre.

Si te das un chapuzón y te interesaste en la charla, me gustaría que te animes a conocer más sus historias, muy diferentes de todas las que he conocido después de tantos años de respirar un ambiente como el ufológico, con el que tanto me he amargado pero que -finalmente- he aprendido a disfrutar.

Alejandro Agostinelli