Frase de cabecera

Documento de Vivi Giménez“Hay que educar a los niños para que no pateen cualquier objeto en un planeta extraño.”

Stanislaw Lem
Carta abierta de Ijon Tichy en Diarios de las Estrellas,
Viajes y memorias
(1971).

Es la frase que preside Invasores. Para entender su sentido en el contexto del libro, es recomendable leerlo. Adquiera HOY su ejemplar (ya es difícil de encontrar en librerías).

Cronología de la invasión: 57 años de historias sobre extraterrestres en la Argentina

Invasores. Historias reales de extraterrestres en la ArgentinaEn 1952, un espíritu le revela a un divulgador científico que un plato volador procedente de Ganímedes sobrevolará el edificio Kavanagh, en Plaza San Martín, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. En 1967, un sacerdote jesuita le encarga a un contactado polaco traducir el Martín Fierro a un idioma extraterrestre (descargar capítulo I). En 1968, los diarios informan la teleportación de un matrimonio desde Chascomús, provincia de Buenos Aires, a la ciudad de México y dos empleados del Casino de Mendoza tropiezan con una nave aterrizada, cuyos ocupantes graban en el chasis Sigue leyendo

Destination: Earth (by Daniel Riera)

Alejandro Agostinelli is sharing the English translation of the foreword by Daniel Riera to his recent book Invasores (Invaders, which we reviewed here only a few months ago. See also our review at Amazon.com) with readers of INEXPLICATA. Miracles do happen, and this worthy book may yet find its way to a publisher interested in a U.S./U.K./AU/NZ edition

Scott Corrales

Destination: Earth. By Daniel Riera

Let us imagine that an alien is reading this book.  Let each reader choose the alien biotype that he or she likes the most.  It does not matter, in this case, what the alien looks like, or what its planet of origin is, or whether its intentions are those of a pacifist or a warmonger.  It does not matter how it feeds itself, if indeed it needs to, or how it mates, if indeed it does so, or how its excretory system works, if indeed it has one.  Nor does it matter what the design of its spaceships might be, nor what technology it is that makes them work.  It does not matter where the alien is reading this book: whether on its home planet, aboard its spaceship, or at the base that aliens, as everybody knows, have in Roswell. The only thing that matters, in this case, is that it is an alien and that it is reading this book.  There is no doubt this book will be a must in every alien library, and I am not saying this because of this book’s stories on aliens: after all, any fairly informed alien is familiar with them, or has at least heard about them.  I was in fact saying that this book will undoubtedly be a must in every alien library because this is actually a great book on humans.  And if the aliens are planning to either visit us peacefully or invade us, this book may turn out to be a very useful way for them to know about us.

The raw material for the work of good journalists (and Alejandro Agostinelli is one of the best I know) is people, and not politics, economy, sports, art, science or aliens.  Good journalists from planet Earth never forget that each account they describe, each story they narrate, is about human beings.

In October, 2002, the great expert Ryszard Kapuscinski gave an unforgettable seminar in Argentina, the content of which was published in its entirety in the book Los cinco sentidos del periodista (The Five Senses of the Journalist). Back then, Kapuscinski said the following:

Journalism is, in my opinion, among the most gregarious professions that exist, because, without others, we cannot do anything.  Without the help, the participation, the opinion and thoughts of others, we do not exist.  The fundamental condition of this job is this understanding with the other: we do – and we are – what others let us do and be.  No modern society can exist without journalists, but we journalists cannot exist without society.

Therefore, a fundamental condition that is needed in order to perform this job is the capacity to function together with others.  In most cases, we become slaves in situations in which we lose our autonomy, when we depend on others to take us to a secluded place, or tell us about the object of our research.  A journalist cannot put himself above those with whom he is going to work: on the contrary, he must be a peer, someone  like them, in order to get close, understand and then express his expectations and hopes.

Listening to others.  That’s what it’s all about.  And listening with attention and respect.  Learning from others.  With or without aliens inbetween.  Two brothers miss their deceased father; a father loses his daughter and copes with that pain the best he can; a woman gets tired of the city routine and of her husband and leaves with her daughter for some far-away place; another woman faces the impossibility of having a second child; a group of buddies finds a way to have fun.  The problems of people who have seen flying saucers, have talked to or made love with an alien, are very much like the problems of those of us who haven’t had those kinds of experiences.  And we all want to know why things happen to us.  Particularly when we hurt.

Alejandro Agostinelli has devoted a good part of his life to researching these kinds of cases: I know for a fact that he could write twenty books as good as this one without repeating one single story.  As a reader, I would like him to do so.  At first he was a credulous ufologist, just like some of his interviewees; then, he became a militant skeptic, like those refuters of legends that Alejandro Dolina immortalized in his Crónicas del Ángel Gris (The Gray Angel’s Chronicles).  Through his journey on both sides, Agostinelli discovered that the more his passion grew for alien case studies, the more he held on to our planet and the beings that inhabit it.  He started wondering, then, why aliens are seen by those who see them; why these people look up to the sky to see aliens, and why, finally, they find what they were looking for.  Invasores is made out of this wonderful material.  It is a book conceived and written to be enjoyed by readers all over the universe, but, above all, by those who reside on Earth.

Destino: La Tierra

Invasores PortadaImaginemos que un extraterrestre está leyendo este libro. Que cada lector elija al biotipo extraterrestre que más le guste. No importa, en este caso, cuál es la apariencia física del extraterrestre, ni su planeta de origen, ni el carácter pacifista o guerrero de sus intenciones. No importa cómo se alimenta, en el caso de que precise alimentarse, ni como copula, en el caso de que lo haga, ni cómo funciona su aparato excretor, en el caso de que lo tenga. No importa el diseño de sus naves espaciales ni tampoco la tecnología que las impulsa. No importa adónde está leyendo este libro: si en su planeta, si a bordo de su nave o en la base que, como todo el mundo sabe, los extraterrestres tienen en Roswell. Lo único que importa, en este caso, es que es un extraterrestre y que está leyendo este libro. Es indudable que este será un libro imprescindible en toda biblioteca extraterrestre, y no lo digo por sus historias sobre extraterrestres: al fin y al cabo, todo extraterrestre más o menos informado las conoce o al menos ha oído hablar de ellas. Es indudable, decía, que éste será un libro imprescindible en toda biblioteca extraterrestre, porque éste es un gran libro sobre seres humanos. Y si ellos, los extraterrestres, planean visitarnos, o bien en son de paz, o bien para invadirnos, este libro puede resultarles muy útil para conocernos.
La materia prima del trabajo de los buenos periodistas –y Alejandro Agostinelli es uno de los mejores que conozco– son las personas, y no la política, la economía, los deportes, el arte, la ciencia o los extraterrestres. Los buenos periodistas terráqueos no olvidan jamás que cada episodio que describen, cada historia que cuentan, trata sobre seres humanos.
En octubre de 2002, el maestro Ryszard Kapuscinski dictó un inolvidable seminario en la Argentina, cuyo contenido completo fue recogido en el libro Los cinco sentidos del periodista. Kapuscinski dijo, entonces, lo siguiente:

El periodismo, en mi opinión, se encuentra entre las profesiones más gregarias que existen, porque sin los otros no podemos hacer nada. Sin la ayuda, la participación, la opinión y el pensamiento de otros, no existimos. La condición fundamental de este oficio es el entendimiento con el otro: hacemos, y somos, aquello que los otros nos permiten. Ninguna sociedad moderna puede existir sin periodistas, pero los periodistas no podemos existir sin la sociedad.


Daniel Riera durante la presentación en Buenos aires de Invasores.De allí se deriva que una condición fundamental para ejercer este oficio consiste en ser capaz de funcionar en conjunto con los otros. En la mayor parte de los casos nos convertimos en esclavos de situaciones donde perdemos autonomía, donde dependemos de que otro nos lleve a un lugar apartado, de que otro decida hablarnos acerca de aquello que estamos investigando. Un periodista no puede ubicarse por encima de aquellos con quienes va a trabajar: al contrario, debe ser un par, uno más, alguien como esos otros, para poder acercarse, comprender y luego expresar sus expectativas y esperanzas.

Escuchar a los demás. De eso se trata. Y escuchar con atención y respeto. Aprender de los demás. Con o sin extraterrestres en el medio. Dos hermanos extrañan a su padre muerto; un padre pierde a su hija y sobrelleva el dolor como puede; una mujer se cansa de la rutina de la ciudad y del marido y se marcha lejos, acompañada por su hija; otra mujer se enfrenta a la imposibilidad de tener un segundo hijo; una barra de amigotes se divierte como puede. Los problemas de la gente que ha visto platos voladores, ha conversado o ha hecho el amor con extraterrestres se parecen mucho a los problemas de los que no hemos  tenido esta clase de experiencias. Y todos queremos saber por qué nos pasa lo que nos pasa. Sobre todo cuando nos duele.
Alejandro Agostinelli ha dedicado buena parte de su vida a investigar este tipo de casos: me consta que podría escribir veinte libros tan buenos como este sin repetir una sola historia. Como lector, deseo que lo haga. En el principio fue un ufólogo crédulo, como algunos de sus entrevistados; luego, un militante del escepticismo, como aquellos refutadores de leyendas que Alejandro Dolina inmortalizara en sus Crónicas del Ángel Gris. Durante su paso por ambos lados del mostrador, Agostinelli descubrió que cuanto más lo apasionaba la casuística extraterrestre, más se afirmaba en nuestro planeta y en los seres que lo habitan. Comenzó a preguntarse, entonces, por qué ven a los extraterrestres aquellos que los ven, por qué deciden alzar sus ojos al cielo para verlos y por qué, finalmente, encuentran lo que buscan. De esa maravillosa materia está hecho Invasores, concebido y escrito para que lo disfruten los lectores de todo el universo, pero sobre todo, los que residen en la Tierra.

Daniel Riera. Es uno de los editores de la revista Barcelona y escribe en diferentes publicaciones del continente. Es autor de los libros Vas a extrañarlo, porque es justo, Meridión, 2002, Sexo telefónico, Gente Grossa, 2005, El carácter Sea Monkey, Eloísa Cartonera, 2007, Buenos Aires Bizarro, Aguilar, 2008, y Familia y propiedad/La vergüenza nacional, Antilibros, 2009. Es coautor de Queríamos tanto a Olmedo, Periodismo X periodistas, 1991; Virus. Una generación, Sudamericana, 1994, y Puto el que lee. Diccionario argentino de insultos, injurias e improperios, Gente Grossa, 2006.

Ward y los Kandinski

Pablo CapannaA punto de cambiar la ciencia ficción por una realidad mucho más loca para consagrarse entre los grandes escritores del siglo, J.G. Ballard se sintió tentado de escribir un cuento de ovnis. Releído muchos años después, cuando el mito ovni creció, mutó y sufrió raras hibridaciones, aquel cuento de 1962 (“Los cazadores de Venus”) se ha vuelto aun más sugestivo. Al punto que goza de plena vigencia en la Argentina, como se verá en este libro.
Cuando Ballard llamó “Kandinski” a su protagonista, no sólo pensaba en el pintor ruso. En esos años, era obvia la referencia a George Adamski, el hombre que diez años antes había tenido un supuesto encuentro con los enviados de Venus.
El Kandinski del cuento no es un chiflado ni tampoco un embustero. Es un personaje complejo, con una cultura aluvional y algo de talento. Trabaja como mozo en un bar, pero está tan profundamente convencido de tener una misión profética que se compara con el apóstol Pablo. Para su desgracia, los hechos parecen desmentirlo a cada rato. Un científico lo desautoriza en público, cuando muestra que no sabe cuántos satélites tiene Urano. Algunos dicen que las huellas de la nave espacial las había trazado él mismo y que sus fotos de platos voladores fueron hechas con ventiladores y discos de embrague. Nadie lee sus libros y a sus conferencias sólo van algunos curiosos.
Cuando todos parecen huir de él, aparece el astrónomo Ward. Intrigado por tanta obstinación, Ward se encandila con su figura y casi comienza a creerle. En el momento culminante, cree tener la misma visión que Kandinski: una enorme nave del espacio que se hunde en la arena justo un instante antes de que pueda fotografiarla. Luego, recupera la compostura y vuelve a su escepticismo profesional.
En este libro hay una multitud de Kandinski; los hay proféticos, tiernos e ingenuos. Todos parecen contagiar certeza.
Aquí, el papel de Ward lo hace el autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina, como verdadero baqueano de estas zonas de la cultura. Nadie como él es capaz de exhumar historias enterradas, que a todos los efectos mediáticos parecen haber prescripto, no sin dejar el rastro de una vaga leyenda. Sus explicaciones suelen llevarnos en cosas tan simples como las que nunca se nos hubieran ocurrido.
En esta feria de lo insólito evoca epopeyas, como esa caravana de cinco mil personas que acudió a la laguna de Chascomús para ver aterrizar una flotilla de platos voladores, o aquel raro cónclave de ingenieros y espiritistas que invocaron el contacto en la cumbre del Kavanagh. Visitamos una suerte de museo alienígena, donde de custodian reliquias venidas del espacio, y una pirámide de regular tamaño donde oficia un increíble profeta.
Aquí pasamos revista a esos aludes que echan a rodar los medios, en las temporadas en que arrecia la sequía informativa. Nos enteramos de cómo fue posible que una película con Minguito y Portales y la puerta rayada de un viejo Chevy dieran origen  a leyendas que siguen rodando por el mundo, muy lejos de estas tierras que las vieron nacer.
No faltan las vacas destripadas y hasta un celular arrebatado al espacio. Hay un aquelarre de chupacabras, duendes, enanos grises y verdes,  lobizones, hombres-gato y hasta algún ratón hocicudo. Casi no hay violencia, pero sí algo de sexo alucinatorio.
En estas historias también se cuelan nombres famosos, como Pinochet, Trujillo, Perón, Onganía, Alfonsín, Menem, Duhalde… Hasta podemos descubrir las insospechadas ramificaciones galácticas del peronismo, por si faltaban pruebas de su extrema versatilidad.
Toda una cantera de datos que está esperando a los antropólogos. Y también a los lectores habitualmente ajenos a estos temas, quienes no dejarán de recordar más de un misterio de esos que nadie se tomó el trabajo de explicar. Estamos en una región poco frecuentada del mundo en que vivimos, donde experiencias a priori incomprensibles invitan a muchos a dejarse invadir por la credulidad.
Pablo Capanna

Pablo Capanna nació en Florencia, Italia, en 1939, pero ha vivido en Buenos Aires, Argentina, desde los diez años de edad. Es profesor de filosofía, periodista, escritor y docente. Sus artículos han aparecido en las revistas Criterio, El Péndulo, Minotauro, Axxón e innumerables publicaciones más. Escribe en el suplemento Futuro del diario Pagina/12. Obtuvo dos veces el Premio Pléyade, el Diploma de Honor Konex y cinco veces el Premio Más Allá. Es autor de El sentido de la ciencia ficción (Buenos Aires, 1967), La Tecnarquía (Barcelona, 1973), El Señor de la Tarde. Conjeturas en torno de Cordwainer Smith (Buenos Aires, 1984), Idios Kosmos, claves para Philip K. Dick (Ediciones Axxón, Buenos Aires, 1991), El mundo de la ciencia ficción (Buenos Aires, 1992), J.G. Ballard. El tiempo desolado (Buenos Aires, 1993), “Contactos” extraterrestres (Buenos Aires, 1993), El mito de la nueva era (Buenos Aires, 1993), Philip K. Dick, Idios Kosmos (Buenos Aires, 1995), La tentación de la magia (Buenos Aires, 1995), Excursos (Buenos Aires, 1999), El icono y la pantalla. Andrei Tarkovski (Buenos Aires, 2000) e Historia de los extraterrestres (Editorial Capital Intelectual, Buenos Aires, 2007).